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Alfonso Romo

Ciudad de México.- Las élites políticas se renuevan y una cara novel es la de Alfonso Romo, el empresario regiomontano que, entre otras tareas, fue el tejedor de puentes entre el gran capital y Andrés Manuel López Obrador.

?En 2011, el líder del partido Movimiento Ciudadano, Dante Delgado, convenció a Romo para que visitara a Andrés Manuel en el austero departamento del político. El empresario quedó impresionado pero, cauteloso, ordenó un estudio sobre López Obrador; lo trató, dice “como si fuera a comprar un negocio”. La investigación fue realizada por Arely Gómez, actual secretaria de la Función Pública con Enrique Peña Nieto. Romo quedó satisfecho.“Andrés Manuel [resultó ser el] mejor de todos, por mucho”. Luego viajó a Washington donde averiguó –sin especificar sus fuentes– que AMLO no tenía ninguna relación con el chavismo venezolano o similares.

?Romo se subió al barco del Peje y empezó a tender puentes con la iniciativa privada; labor facilitada por su inclusión, según la revista Líderes Mexicanos, en el listado de los 300 líderes más importantes del país. “Me he sentado con casi todos” los importantes –explica– “para ver cuáles son las diferencias reales” y “quitar las percepciones negativas” sobre el candidato. Su objetivo ha sido crear “primero confianza, segundo confianza, tercero confianza…Vamos a crear la red de confianza más importante que se ha creado en este país”. Y para lograr la empatía les hace ponerse “en los zapatos del otro lado”.

?Mientras avanzaba en esa tarea, Romo se encargó de la elaboración del Proyecto de Nación, para después recibir el encargo de “coordinar al gabinete” (presentado en diciembre pasado) de López Obrador y armar un programa de trabajo para los “primeros seis meses” de gobierno.

?En síntesis, Romo ya forma parte del primer círculo de López Obrador con quien tiene “una relación muy cercana, lo veo muy seguido”. En víspera de la elección es inevitable preguntarse cuáles serán sus responsabilidades en un gobierno encabezado por el Peje. Romo dice ignorarlo porque, reconoce, no sabe cómo evitar los conflictos de interés inherentes a sus actividades empresariales y sus responsabilidades públicas.

?El dilema es real, porque se antoja difícil que Romo se salga de la cabina de mando de un proyecto que quiere sanear a un país saqueado y mal administrado. Sobrino-nieto de Francisco I. Madero, Romo es un apasionado del cambio y la innovación tecnológica y que, según me dice alguien que lo ha tratado, quiere “generar riqueza con la gente y no contra la gente”. Es representativo de una serie de personajes que, al tener su vida resuelta, se están sumando al proyecto de Andrés Manuel.

?Si Romo se incorpora como jefe de gabinete a un gobierno hipotético enfrentará tres grandes retos. El primero, dar coherencia a un gabinete que se montará sobre una burocracia ineficiente, mañosa y decidida a defender sus “conquistas”. El segundo, defender sus propuestas económicas y políticas, frente a las corrientes más radicales de Morena.

?Finalmente, tendrá que seguir atendiendo la relación con un empresariado que reaccionará al cambio en las reglas de juego; parece firme la promesa de corregir los tráficos de influencia y la corrupción. Una tarea complicada porque Alfonso Romo tiene detractores; un sector de los empresarios lo acusa de deslealtades y malas prácticas.

?La Revolución mexicana engendró la figura del político-empresario, que desde sus cargos se ayudaba a triunfar en los negocios. El general Abelardo L. Rodríguez es una figura arquetípica. Fue militar, político (gobernador de Baja California y presidente interino entre 1932 y 1934) y empresario con intereses en 126 empresas. Vicente Fox estaría en el extremo opuesto: el empresario-político que como presidente traicionó el programa reformista que prometió defender. Tan nocivo el uno como el otro.

?Es imprescindible que, en el caso de que Andrés Manuel sea el próximo presidente y Alfonso Romo su jefe de gabinete, expliquen la manera en cómo evitarán las evidentes incompatibilidades entre el empresario y el político. Sería una forma de demostrar que va en serio lo de iniciar la cuarta transformación prometida por Andrés Manuel López Obrador.

Los entrecomillados provienen de los textos de Hiroshi Takahashi y Jonathan Torres en Forbes y la entrevista que le hizo René Delgado para Reforma.

Twitter: @sergioaguayo

Colaboró Mónica Gabriela Maldonado Díaz



Etiquetas CDMX Alfonso Romo Sergio Aguayo AMLO

Sergio Aguayo

Académico y analista. Nació en Jalisco y creció en Guadalajara. En 1971 llegó a la ciudad de México a estudiar la licenciatura en Relaciones Internacionales en El Colegio de México. Realizó la Maestría (1971), doctorado y post-doctorado (1977-1984) en la Universidad Johns Hopkins. Desde 1977 es profesor investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México y tiene el Nivel III en el Sistema de Investigadores. Actualmente coordina el Seminario sobre Violencia y Paz en esa institución.

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