¿Qué es el dengue y cómo tratarlo?



Ciudad de México.- El dengue continúa siendo en México y el mundo un problema de salud pública ya que es una enfermedad endémica.



El dengue se ha manifestado en las diferentes regiones y zonas tropicales del mundo provocando epidemias en los continentes de Asia, África, Norteamérica.



Es una enfermedad infecciosa producida por el virus del dengue (DENV). Pertenece al género Flavivirus, de la familia Flaviviridae que, a la vez, pertenece al grupo de los Arbovirus (virus trasmitidos por artrópodos).



Las partículas virales contienen RNA de cadena simple, son envueltas y tienen aproximadamente 40-50 nm de diámetro. El Aedes aegypti y el Aedes albopictus son los mosquitos transmisores del dengue.



Los Aedes aegypti, mosquitos hembras, son la principal fuente de transmisión del dengue. Esta especie pica durante el día, con el período de alimentación más activo de dos horas antes y dos después del amanecer y el atardecer.



El mosquito pica a una persona infectada e ingiere la sangre con el virus del dengue, el cual se incuba en el mosquito por un período de 8 a 12 días, después del cual el mosquito comienza a transmitir el virus, picando a otras personas.



La persona infectada puede presentar síntomas después de 5 a 7 días de la infección. También puede ocurrir la transmisión mecánica cuando el mosquito interrumpe la alimentación en una persona infectada y pasa a alimentarse inmediatamente en un huésped susceptible.



Después del período de incubación, la enfermedad comienza abruptamente y pasa por tres fases: febril, crítica y de recuperación.



Es una enfermedad infecciosa sistémica y dinámica, la infección puede cursar en forma asintomática o expresarse con un espectro clínico amplio que incluye las expresiones graves y las no graves.



El dengue requiere abordarse como una única enfermedad con presentaciones clínicas diferentes que van de estados benignos hasta evolución clínica severa y desenlaces que causan la muerte.

Manifestaciones Clínicas



Fase febril: Los pacientes desarrollan fiebre alta y repentina. Esta fase febril aguda dura de dos a siete días y suele acompañarse de enrojecimiento facial, eritema, dolor corporal generalizado, mialgias, artralgias, cefalea y dolor retro-ocular. Pueden presentarse manifestaciones hemorrágicas menores, como petequias y equimosis en la piel.



Los pacientes que mejoran después de que baja la fiebre, se consideran casos de dengue sin signos de alarma. Complicaciones en esta fase de deshidratación. La fiebre alta puede asociarse a trastornos neurológicos, y convulsiones en los niños pequeños



Fase crítica: Cerca de la desaparición de la fiebre, cuando la temperatura desciende a 37,5 grados centígrados o menos y se mantiene por debajo de este nivel, por lo general, en los primeros 3 a 7 días de la enfermedad, puede aumentar la permeabilidad capilar paralelamente con los niveles del hematocrito. Esto marca el comienzo de la fase crítica. Los pacientes que empeoran con la caída de la fiebre y presentan signos de alarma, son el choque por la extravasación de plasma; hemorragias graves y compromiso serio de órganos.

Tratamiento



Para una enfermedad que es compleja en sus manifestaciones, el tratamiento es relativamente simple, barato y muy efectivo para salvar vidas, siempre y cuando se hagan las intervenciones correctas y oportunas.



La clave es la identificación temprana y la comprensión de los problemas clínicos durante las diferentes fases de la enfermedad, lo que da lugar a un enfoque racional del abordaje de casos y una buena respuesta clínica.



¿Qué hacer si se tiene síntomas de dengue?



•Consulte a su médico.



•Vigile los signos de gravedad.



•No se automedique, no use aspirina, debido a que su efecto puede provocar hemorragias.



•No use antibióticos porque el dengue es producido por un virus y los antibióticos atacan sólo a las bacterias.

  • Patricia Chico Aldama

    Patricia Chico Aldama

    Soy Médico cirujano de la UNAM, maestra en Salud Pública del Instituto Nacional de Salud Pública, especializada en epidemiología. Fui jefa del Departamento de Investigación en Epidemiología del Instituto Nacional de Pediatría (INP) y actualmente soy investigadora en el Laboratorio de Bacetriología del INP. Soy autora del libro Desarrollo Organizacional de de Editorial Plaza y Valdez y una de los cinco autores más leídos en América Latina en Acta Pediátrica y he publicado trabajos en Neurology. Hoy me desempeño en el Comité Directivo de la organización Alass de Europa.