¿Narco-Estado?



Ciudad de México.- Ni en los peores momentos, cuando, en los años setenta, la policía política estaba asociada con narcotraficantes, fuimos un narco- estado.



Es más, ni durante la época de crecimiento de lo que serían las bandas de delincuentes más ambiciosas estuvimos cerca de ello.



Mucho menos, por supuesto, en el gobierno del presidente Felipe Calderón, cuando lo que hubo fue una estrategia de enfrentamiento frontal contra grupos que habían mutado de la producción, trasiego y venta de drogas, a la extorsión directa a la sociedad.



Las palabras deben cuidarse, porque de otro modo pierden significado y ello se puede tornar riesgoso. Es como el cuento de Pedro y el lobo.



Si el presidente López Obrador tiene pruebas de que en el pasado se vivió en una especie de asociación criminal con el poder político debería actuar en consecuencia y revelar las altas tramas de implicación.



El Presidente señaló en su conferencia matutina: “Yo sinceramente en ese entonces pensaba que no era correcto clasificar de esa manera al Estado mexicano, pero luego con todo esto que está saliendo a relucir, pues sí se puede hablar de un narco-estado".



¿Qué hicieron los partidos, las instituciones, el ejército, las policías y la propia sociedad? ¿Dónde están las denuncias al respecto para escarbar en una historia que nadie vio? Otra proeza, es dilucidar cómo dejamos de serlo, de una elección para otra y sin darnos cuenta tampoco, por supuesto.



Recordemos que hasta la elección de 2018 el gran debate giraba en torno a la presencia de los militares en tareas de seguridad pública. El partido que ganó la elección, Morena, estableció una línea de discurso que descalificaba a las Fuerzas Armadas y que señalaba que se había cometido un error al utilizarlas en tareas ajenas al mandato de la Constitución. Se atacaba al calderonismo –saltándose la etapa de Enrique Peña por estrategia electoral—por enfrentar a los bandidos, por “alborotar el avispero” y no por ser parte de él.



Decir que el juicio que se sigue a Genaro García Luna en Estados Estados Unidos proporciona elementos que haría pensar en un narco-estado es absurdo. En primer lugar porque el ex secretario de Seguridad Pública no ha sido sentenciado y declarado culpable, pero sobre todo porque no existe investigación ni revelación alguna sobre ligas o asociaciones de los narcotraficantes con políticos.



Una de las características de los narco-estados ( Guinea-Bisáu, por ejemplo) es que los grupos delincuenciales ejercen el poder y sin coartadas, deciden políticas públicas y tienen el control de la seguridad.



Esto es, en México no hay, ni hubo, una apuesta de los crimínales para inmiscuirse en la política, que no sea la que requirieron y requieren para obtener protección.

  • Julián Andrade Jardí

    Julián Andrade Jardí

    En la actualidad soy periodista y consultor. Escribo en diversos medios y entre ellos Forbes, La Crónica de Hoy y Etcétera. En La Razón me desempeñé como columnista y editor jefe. En Milenio trabajé como coordinador de información y en La Crónica de Hoy como subdirector. Dirigí Newsweek en español. En el ámbito de gobierno, fue coordinador general de comunicación social en el gobierno de la Ciudad de México y en el Tribunal Electoral del Poder Judicial de Federación. Soy autor de la novela "La lejanía del desierto" y coautor, con Jorge Carpizo, de "Asesinato de un cardenal".