La franja ruda

Los cinco del 68

La ofensiva de la franja ruda de la 4T contra académicos y científicos ha perdido casos relevantes y ha sido incapaz de satanizar a estos gremios ante la sociedad.

Si entendemos las causas de ese fracaso podríamos intentar recomponer una ruptura absurda. 

Sigo sin entender el origen del acendrado resentimiento de los líderes de esta franja —el presidente y la directora de Conacyt— contra los intelectuales y académicos.

Las descalificaciones retóricas, los recortes al presupuesto y la negativa al diálogo no han doblegado a la comunidad, pero han afectado a todos por igual: a la UNAM, al Politécnico y a las universidades privadas, a la Escuela Nacional de Antropología e Historia y al CIDE. 

La senadora Ana Lilia Rivera, que pertenece a Morena, inició las hostilidades el 8 de febrero de 2019 proponiendo una Ley de Humanidades, Ciencias y Tecnologías que excluía a la comunidad de la formulación de las políticas sobre ese tema y concentraba el poder en la directora de Conacyt.

El rechazo fue generalizado y la iniciativa fue retirada dejando en el aire la duda de si había sido una ocurrencia de la legisladora o el globo de sonda de un plan deliberado.

Pronto supimos que los ataques estaban aprobados por el presidente. 

Un prestigiado científico, Antonio Lazcano Araujo, publicó el 26 de julio de 2019 un editorial en la revista Science criticando la política científica de la 4T.

Ese mismo día la dirección de Conacyt lo expulsó de la Comisión Dictaminadora del Sistema Nacional de Investigadores para la cual acababa de ser elegido.

La franja ruda

Es un cargo honorífico, pero prestigiado, porque los integrantes de esas comisiones son votados por la comunidad.

Lazcano alzó la voz y buscó el amparo del poder judicial; le dieron muy pronto la razón y tuvieron que reinstalarlo.

Terminó su mandato en diciembre pasado. Siempre estuvo dispuesto a dialogar, jamás fue requerido. 

Está también la demanda presentada por Conacyt ante la FGR contra 31 científicos, investigadores, académicos y personal administrativo de Conacyt.

El fiscal secundó la acusación de delincuencia organizada y solicitó órdenes de aprehensión.

Hay una gran diferencia entre querer y poder, y lo relevante es que las detenciones fueron rechazadas por jueces federales en dos ocasiones.

Se espera que pronto cierren definitivamente el caso. Los acusados jamás pudieron dialogar con la directora de Conacyt. 

Y está, finalmente, la situación del CIDE que recontra confirma la intensidad del encono y la cerrazón, pues se trata de una institución dependiente de Conacyt (a diferencia de la UNAM y El Colmex por ejemplo).

Hace 36 días que los estudiantes tomaron las instalaciones, el mismo tiempo que Conacyt se ha rehusado a dialogar buscando, supongo, desgastarlos. 

Los cuatro asuntos tienen en común que han despertado un gran interés mediático (los medios pesan) y que carecen del respaldo de otras corrientes dentro de la 4T (es el caso de los tres candidatos a la presidencia).

Fracaso de los rudos

El telón de fondo es el fracaso del intento de los rudos por satanizar ante la sociedad a académicos y científicos. 

El 15 de diciembre pasado, El Financiero publicó una reveladora encuesta coordinada por Alejandro Moreno.

En ella el 86% de los entrevistados tienen opiniones muy buenas o buenas sobre la UNAM.

Y piensan que México debe invertir más en ciencia.

El 83% considera que las universidades ayudan a mejorar al país y el 66% conoce y respeta al CIDE. ¿Así o más claro? 

El enfrentamiento es absurdo y se acumulan los costos para ambas partes.

Es posible que el presidente y la directora de Conacyt se empecinen en sus prejuicios y la cerrazón al diálogo.

Afortunadamente, la 4T es mucho más que Conacyt; pero, pensando en la necesidad de enfrentar el antiintelectualismo, los académicos deberíamos crear una coalición con dos objetivos: pedir que el conflicto del CIDE se resuelva por medio del diálogo y preguntar a los partidos políticos y a los candidatos a los principales cargos de elección popular (gobernadores y presidente) cuál es su postura hacia la comunidad académica y científica mexicana. 

Es inaceptable y vergonzoso el silencio de quienes, viviendo de nuestros impuestos y votos, se hacen los desentendidos sobre el acoso sistemático y grosero a la comunidad científica y académica del país. 


Colaboraron Anuar Israel Ortega Galindo y Sergio Huesca Villeda 

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