Acapulco, diez días después de Otis.

La ciudad portuaria continúa sufriendo las consecuencias del mayor huracán de registrado en la historia, mientras continúan solicitando ayuda humanitaria, la basura inunda la ciudad.

Las playas de Acapulco destrozadas tras el paso de Otis. Foto: Axel Hernández

Amanece y al cruzar la ciudad de Chilpancingo, se observan a cuadrillas de trabajadores, de diferentes instituciones públicas, que comienzan a reunirse cerca de sus transportes; fueron enviados desde otros estados para apoyar en la atención a la emergencia.

Es la madrugada del día de muertos, jueves 2 de noviembre, diez días después de que “Otis”, huracán categoría cinco, el más potente desde que se tienen registros en el Pacífico mexicano, azotara Acapulco y los municipios aledaños, dejando 47 muertos según cifras oficiales en constante actualización.

Los primeros rastros dejados por la devastación se pueden ver varios kilómetros antes de llegar a Acapulco, los espectaculares caídos en los cerros aledaños a la autopista, cuyos árboles ahora están inclinados, algunos rotos y con el follaje arrancado.

Dos tráileres cargados con postes de madera y enormes rollos de cables avanzan por la carretera de sol; así como ellos, otros vehículos, particulares, del gobierno y militares, se dirigen hacia la costa por esa vía.

La caseta de cobro de La Venta marca la entrada al área urbana de Acapulco, y aún permanece con el paso libre, más adelante a todos los vehículos les reciben personas que, debajo de un puente y con carteles gritan “¡Agua por favor!”.

Son habitantes de las comunidades circundantes, como la Lucio Cabañas, asentamiento irregular a un costado de la caseta. Sus habitantes, que llevan más de una década luchando por su derecho a la tierra y a la vivienda, construyeron una colonia que fue seriamente afectada por la fuerza destructiva del huracán.

Ahí vive Joanna, una joven de diecisiete años, que hace un recorrido por las calles de su colonia, algunas aún inundadas y otras, la mayoría cubiertas de lodo. Ella narra que mucha agua bajaba del cerro y que la mayoría de las casas tuvieron afectaciones, que van desde la pérdida de techos, fabricados con láminas metálicas y hojas de palma, hasta la destrucción total de algunas viviendas. 

Tal fue el caso su primo, que  junto a su esposa y su pequeño hijo de tres años, tuvieron que huir en medio de la tormenta para buscar refugio con sus vecinos, pues el viento derribó el techo y los muros de su casa, construida principalmente con madera

La casa derribada por ahora es inhabitable y debajo quedaron muchas de las pertenencias de esta familia que se ha quedado sin un lugar donde vivir.

La misma suerte corrió la capilla de la colonia. Edificada con madera y ubicada en lo alto de una colina, el recinto está dedicado a San Judas Tadeo, cuya fiesta patronal celebrada cada 28 de octubre, no se pudo llevar a cabo, pues tres días antes el huracán destruyó la capilla e incluso decapitó la escultura del santo.

Joana tiene intenciones de enlistarse en la Marina, estaba esperando la fecha para su examen de reclutamiento. Pero con esta situación, no sabe hasta cuando podrá continuar con su sueño. Ella
nunca antes había vivido un huracán y ante la pregunta “¿Qué sientes después de haber vivido esta experiencia?” ella responde “Quisiera ser rica para poder ayudar a todos.”

Los habitantes de la Lucio Cabañas aún no tienen luz, viéndose forzados a recorrer un kilómetro para tener acceso a la electricidad. Aún queda mucho trabajo por hacer: con machetes cortan las ramas de los árboles caídos en sus patios y calles; paleando, sacan el lodo seco y el polvo de sus casas. a pie, transportan comida y objetos de un lugar a otro, intentando adaptarse a una vida todavía más precarizada de la que llevaban ya al vivir en un espacio que no les ha sido reconocido por las autoridades.

La misma imagen se ve en el resto de Acapulco, diez días después del paso de Otis, comienza lo que intenta ser la primera etapa en la reconstrucción de la ciudad portuaria, cuyas calles están repletas de basura acumulada en montículos apostados sobre los camellones y a las orillas de las banquetas, entorpeciendo el tránsito y generando una gran carga vehicular para ingresar por el Boulevard Vicente Guerrero.

En el cruce de la calle 14, a la altura de la colonia Zapata y su estación del Acabus, los supermercados que se encuentran de cada lado del boulevard se encuentran abandonados, pues como todos los establecimientos de grandes cadenas transnacionales, han sido saqueados, igual que Oxxos, farmacias, tiendas departamentales, restaurantes, todo fue saqueado los primeros días después del desastre.

Ahora, el comercio local es la única opción para adquirir productos: negocios de tiendas de refacciones y tlapalerías tienen filas de personas que buscan insumos para reparar sus casas y vehículos; en algunas colonias los tianguis funcionan de nuevo, ofreciendo algunos alimentos,ropa y materias primas. Este día hay flores de cempasúchil y terciopelo, a pesar de todo, es día de muertos.

Sin embargo, la escasez es generalizada en la ciudad, provocando sobreprecios en productos básicos como la tortilla, cuyo precio va de $35 a $60 por kilo, teniendo que hacer largos trayectos y enormes filas para poder conseguirlas; o el huevo, cuyo margen de precio va desde los $70 e incluso alcanza hasta los $200 por cartón (alrededor de 30 piezas).

El reclamo de los habitantes de las colonias alejadas de la zona turística es generalizado: no ha llegado la ayuda. El despliegue de miles de elementos de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA), de la Guardia Nacional (GN), la Marina así como Servidores de la Nación, ha sido insuficiente para atender a los 779,556 habitantes que viven en Acapulco según cifras del Instituto Nacional de Estadística y Geografía.

La mayor parte de los elementos de seguridad de dichas instituciones, se concentran en las avenidas principales, sobre todo en la Costera Miguel Alemán, resguardando estaciones gasolineras, locales y centros comerciales así como bancos y oficinas de gobierno, a pesar de que muchas de ellas fueron previamente saqueadas. 

De la misma manera, los camiones que entregan despensas a las y los damnificados así como las plantas potabilizadoras móviles desplegadas por la Marina se han instalado en vialidades principales, dejando sin apoyo a muchas personas que habitan en colonias alejadas.

Aunque las autoridades hablan de un restablecimiento en el suministro eléctrico de entre 90% y 97%, la falta de energía eléctrica es generalizada en las colonias de Acapulco, a pesar de que por doquier pueden verse cuadrillas de la Comisión Federal de Electricidad (CFE) trabajando. Lo mismo sucede con el agua potable y el acceso a la red telefónica, son escasas las colonias en las que estos servicios han sido restablecidos.

En la Costera Miguel Alemán, la destrucción que dejó Otis es avasalladora, dejando daños en la totalidad de hoteles, restaurantes y centros nocturnos que caracterizan a la llamada “Joya del Pacífico”, uno de los principales destinos turísticos del país ahora luce como una zona de guerra.

En las playas, las palapas han desaparecido. La arena está repleta de basura y las lanchas dañadas yacen acumuladas.  Y en el agua, se asoma la punta de una embarcación hundida.

Eliseo descansa solo y borracho a la sombra de una de esas lanchas que aún permanecen volteadas, pide unas monedas y narra que a su abuela se la llevó el huracán: estaba con ella cuando la tormenta llegó, y aunque él le puso un chaleco salvavidas, el viento se la arrebató. 

La gente de Acapulco rememora a Paulina, el huracán que en octubre de 1997 impactó esta área del litoral guerrerense dejando una cantidad de muertes estimada en hasta 500 personas, y hacen una importante diferenciación: “Paulina fue mucha agua, este fue puro viento” compartió a Capital CDMX una señora que caminaba sobre la costera.

Las rachas de viento que Otis alcanzó cuando tocó tierra alcanzaron hasta 300 km/h y ha sido catalogado como el huracán más fuerte registrado en la historia del Pacífico oriental por la Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica

La fuerza del viento lo arrancó todo:miles de techos y fachadas, anuncios espectaculares, enormes árboles y palmeras, postes y torres de luz que aún permanecen derribadas. Los cerros acapulqueños, que una semana atrás estaban repletos de frondosa vegetación, han perdido su verde follaje, ahora son áridos montes llenos de estacas.

Los escombros y basura que inundan las calles comienzan a ser un problema mayor, mientras los 42 camiones recolectores de Acapulco no se dan abasto, los vecinos se unen para limpiar sus calles y espacios de uso común; pero la acumulación empieza a desprender un olor a descomposición que médicos e integrantes de las brigadas de salud aseguran ya ha comenzado a generar un aumento en infecciones estomacales y conjuntivitis; además, ante los encharcamientos de agua, no se descartan futuras epidemias de Dengue y otras enfermedades transmitidas por mosquitos.

Grandes columnas de humo gris se levantan desde las partes altas de Acapulco. La falta de respuesta ante una posible emergencia sanitaria ha orillado a la población a tomar otras medidas, prendiendo fuego a las pilas de basura para deshacerse de ella, generando un paisaje catastrófico que permanecerá en las siguientes semanas.

La emergencia dejada por Otis apenas comienza, mientras los esfuerzos de reconstrucción se concentrarán principalmente en la zona turística y hotelera con el objetivo de reactivar la economía, las zonas populares empiezan a despoblarse pues mucha gente ha dejado sus hogares, mudándose a otros municipios y estados ante un futuro incierto.

 

Organizaciones envían apoyo a familiares de personas desaparecidas.

 

Ante la emergencia tras el paso de Otis, personas de todo el país se han movilizado para enviar ayuda a Acapulco y otras áreas afectadas, donde hay miles de damnificados que requieren comida, agua, medicinas y artículos de higiene personal pues a muchos, el huracán les ha dejado prácticamente sin nada.

Dentro de la gran cantidad de damnificados se encuentran las familias de personas desaparecidas, que a través del colectivo Memoria Verdad y Justicia buscan a sus seres queridos en Acapulco.

En solidaridad con estas familias se establecieron centros de acopio en diferentes puntos de la Ciudad de México y el área metropolitana para recaudar víveres que fueron entregados el pasado jueves y viernes. La mayor parte de lo recolectado, fue donado por otras familias y colectivos de búsqueda de desaparecidos.

La Glorieta de las y los Desaparecidos, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro Juárez, la Parroquia Anglicana de la Sagrada Familia y la Facultad de Contaduría  y Administración fueron algunos de las organizaciones que sumaron esfuerzos para enviar este apoyo, que continuarán recolectando para seguir atendiendo a la emergencia.

El colectivo Memoria, Verdad y Justicia realizó este fin de semana una búsqueda en vida de integrantes que hasta el momento no han sido localizados.

Al momento, la cifra de personas desaparecidas reportadas tras el paso de Otis alcanza las 59, mientras que el Servicio Médico reporta en sus instalaciones a 22 personas en calidad de desconocidas.

 

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